
Dibujo de Guada Gaitán
Estoy viajando en un tren a supervelocidad, desde la ventanilla veo el horizonte, cielo y tierra en panorámica, el tren parece que remontara vuelo y el paisaje se vuelve infinito. Siento en mi cuerpo un vértigo placentero. Es un viaje con destino incierto. El tren atravesará la dimensión temporal actual y nos conducirá al futuro. No sé qué me espera, no sé qué encontraré. No hay mapas dibujados, el tiempo se trastocará. Sólo algunos indicios me orientarán: “El nombre Victoria” “Un espejo parabólico”, ¿“un árbol de moras”? Todos estos datos he recibido hace dos días junto al pasaje de este tren superatómico.
Después de unas horas o días, no sé contar en este nuevo paradigma temporal, el tren se detiene en un parador situada en medio de unas montañas muy altas. Bajo del tren junto con otros viajeros. Cada uno toma un rumbo distinto. Yo camino por un sendero hasta que veo un suelo morado desde lejos, me acerco y ahí encuentro un árbol de moras maduras, muchas se habían desparramado por el suelo. El sendero zigzaguea en ascenso y en un zigzag me detengo. Veo un espejo parabólico sobre un edificio dentro de en una reserva de araucarias. Bajo los árboles un grupo de ¿humanos? reunidos. Sus vestimentas que brillan al sol parecen metálicas. Están haciendo extraños sonidos con instrumentos para mí desconocidos, todos conectado con todos por unos cables dorados. Una chica me ve y me sonríe, parece que me conoce, me hace señas de que pase por una especie de barrera electrónica. Me habla a través de una pantalla que lleva en su pecho. Los sonidos se van dibujando con rayas de colores.
-Hola- me dice una voz metálica-te conozco por una fotografía analógica que tenía mi abuela.
-Qué pasó con tu voz? – le pregunto – ¿Hablás directamente de tu mente a la pantalla? – yo veía que la chica no movía los labios
-Es complejo de explicar –responde la voz metálica- ¿Sos Ana?
-Sí, vengo del año 2030, ¿en qué año estamos?
-2060. Estamos festejando tu llegada.
-Ah! ¿Soy tan importante?
-Gracias a tus fotos y videos que heredé de mi abuela he podido reconstruir mi historia vincular en la Tierra y nos ha ayudado a muchos de nosotros a rescatar nuestra historia… desde hace unos diez años aproximadamente vivimos en el espacio, hemos mutado.
-Mutado y mudado por lo que me decís vocecita metálica.
-Mi nombre es Victoria, soy la nieta de Susana, tu amiga.
-¡Ah! Susana, hermosa persona. Pero, ¿Qué ha pasado? ¿Qué barbaridad hemos hecho los humanos para que ustedes tenga que andar vagando por el espacio?
-En el 2050 hubo un ataque nuclear que nos dejó sin memoria y sin voz, estamos reconstruyendo nuestras vidas, nos estamos rehaciendo en pequeñas comunidades que llamamos tribus y vamos y venimos en naves de estaciones espaciales a planetas amigos.
-Les agradezco la invitación pero ¿en qué puedo ayudar yo?

Cuadro de Raquel Forner
A esta altura de la charla me percaté que los jóvenes del grupo con sus pantallas encendidas escuchaban y comentaban nuestra conversación muy atentamente porque por esos cables dorados estaban todos conectados con todos.
En la pantalla de Victoria aparece una foto donde estamos Susana y yo sonriendo y mirándonos a los ojos con complicidad.
-Mi mamá me mostró esta foto la última vez que la vi y me pidió que te buscara.
-¡Qué linda foto! no la conocía. ¿Quién la sacó?
-Mi mamá, la hija menor de Susana, Pato, a la que vos le enseñante fotografía.
– ¡Ah! ¡Patito! Yo le decía así “Patito”, ella tenía una capacidad extraordinaria de pescar momentos únicos. Como los de esta foto.
-Mi mamá me contó sobre las clases de fotografía que les dabas y a ella se le ocurrió que vos me podías enseñarar a mirar de otra manera… yo manejo un telescopio en una de las estaciones espaciales, ella me dijo que tu forma de ver es muy creativa y para descubrir nuevos planetas se necesita imaginación.
-Susana y Pato siempre me supervaloraron, pero si Pato quiere eso yo estoy dispuesta.
-El problema es que si venís con nosotros no vas a poder volver a la Tierra con tu gente porque el tiempo se hace más lento en el espacio, ya habrán pasado muchos años cuando puedas volver aunque estés con nosotros unos pocos meses… preveo que la Tierra no existirá como la conocías cuando subiste al tren.
-Puedo correr ese riesgo, mi vida ya es desde hace tiempo un largo viaje.
Estuvimos en la estación espacial junto al telescopio no sé cuánto tiempo porque es difícil cuantificar el tiempo desde estos lugares. Durante mi estadía en la estación los científicos pudieron perfeccionar el viaje hacia el pasado y a mí se me ocurrió la loquísima idea de viajar y volver a encontrarme con Susana, volver a un pasado en el que éramos felices juntas. Le comuniqué mi deseo a Victoria y ella me aclaró que viajar podríamos pero sin modificar nada de lo que se había vivido.
– ¿La podré ver desde lejos?
-Desde lejos- confirma la vocecita metálica.
-Nos queríamos tanto que para mí volverla a ver aunque sea de lejos le da sentido a ese viaje.
-Y a nosotros también nos puede servir para recoger algunos datos útiles.
-Datos y emociones… Eran años muy vertiginosos.
-En los sentimientos sé que tenemos mucho que aprender, también.
Viajamos en ese tubo metálico hacia el pasado y llegamos al 2001, en Buenos Aires. Caímos en Plaza de Mayo. Las calles ardían de gente gritando “¡que se vayan todos!” golpeaban cacerolas, hacían ruido con lo que tenían a mano. Había manifestaciones por todos lados, asambleas en cada barrio.
Yo caminaba con bastante soltura en medio del quilombo pero Victoria y Sebastián que venían conmigo no lo podían creer… ellos iban protegidos por camperas con capuchas para pasar desapercibidos aunque era verano y hacía muchísimo calor.
Les indiqué que podíamos tomar el subte hasta la casa de Susana. Para ellos todo era novedad… eran como niños de campo que viajan por primera vez a la ciudad. Cuando llegamos a la casa de Susana miramos a través de la ventana y ahí estaba ella sentada de espaldas charlando con sus hijos en el living. Yo suspiré fuerte cuando la vi y ella giró la cabeza hacia la ventana entonces nosotros rápidamente nos agachamos para escondernos. Creo que no llegó a vernos pero se levantó caminó hacia el reproductor de música y puso un disco y un tema “Con el alma en vilo” de Teresa Parodi. Era nuestro tema. Algo percibió Susana de mi presencia, lo sé. Ella siempre me presentía cuando yo estaba cerca. Aunque sea en su memoria algo se modificó o se alteró. No sé de las implicancias en la historia de ese acto sutil pero para mí fue emocionalmente intenso, profundo, confirmatorio del amor que nos unía. Victoria también pudo ver a su mamá de niña desenvuelta, charleta, animando a Susana que estaba como distante y pensativa.
Nos alejamos del lugar caminando en silencio por las calles de Colegiales, el impacto emocional de esta visita aunque fuera de lejos nos había shoqueado. Nos sentamos en un bar a tomar un café. Un ritual desconocido para mis compañeros de viaje. Sebastián nos miraba a las dos y se lo veía consternado. Ellos me hablaban a través de una pantallita que crearon para mí parecida a los celulares táctiles. La gente que me veía con ese objeto me miraba sorprendida, ¡era la novedad! porque en el 2001 ya había celulares pero eran con una pequeña pantallita monocromática, teclado fijo y sin internet solo podíamos hacer llamadas o enviar mansajes.
Victoria me escribe: “Me parece que algo percibieron”
-Sí, a mí también me pareció. Pero no creo que esa percepción cambie mucho el futuro.
Victoria escribe “O esa percepción hizo que Susana le hablara de vos a mi mamá y ella me dio la foto cuando la vi”
-¡Oh! ¡Impresionante!
Sebastián escribe “Hubo un movimiento extraño en esa escena”
-Buena percepción la tuya, Sebastián.
Yo les hablo directamente porque ellos me escuchan bien, a pesar del ruido del bar, la tele prendida y las discusiones políticas en las distintas mesas.
Victoria y Sebastián filmaron todo lo que vivimos en ese día y cuando volvíamos al tubo del tiempo que dejamos escondido bajo un puente me preguntaron si quería volver con ellos o me quería quedar en el 2001.
-No, aquí no, esto ya lo viví pero quiero volver al 2030 de donde partí.
“Te programamos para un día después de tu partida en el tren” me escribe Victoria.
-Buenísimo! Vuelvo a mi pasado, presente, futuro.
“Bajamos con vos, registramos y nos vamos” escribe Sebastián
Así es que durante un rato tuve en mi casa a dos chicos del futuro con los que viajé al pasado, anduve por el espacio y los despedí con un abrazo.
Y ahora qué hago con lo que viví, no se lo puedo contar a nadie porque provocaría una paradoja si alguien quiere cambiar algo. Ya sé voy a escribir un cuento de ciencia ficción y nadie se dará cuenta que está basada en hechos reales.

Dibujo de Guada Gaitán