Cuento 1

Este viernes vi caer a Barbie desde mi ventana

Por Ana Rubiolo

Ese viernes vi caer a Barbie desde mi ventana. Miré hacia abajo y me impactó la escena, la muñeca se había estrolado sobre el techo del primer piso, toda despatarrada, tatuada en negro, su ropa hecha girones, los pelos desplumados, volví mi mirada hacia arriba y una mano desde la terraza arrojó una rosa roja que cayó junto a la muñeca.

¿Qué está pasando, me pregunté? ¡Es una advertencia! Hay un femicidio cada 23 horas en este país. Me llamo Bárbara, pero mis amigas me dicen Barbi. ¿Esta amenaza es para mí?

No. Imposible. Yo no tengo nada de hegemónica. Soy gordita, morochita, pelo corto y uso anteojos, me gustan las chicas, nada que ver con la estética de las Barbies.

Pero… ¿Alguien querrá hacerme daño?

Desde el viernes ese, no dejo de pensar, pensar y pensar… Hace tiempo que vivo sola en este edificio, conozco poco a los vecinos, soy lo que se dice “antisocial”.

Tampoco me llevo bien con el encargado porque tiene un perfil de servicio de inteligencia rebajado a portero y mira con ojos libidinosos a mis amigas… Ya lo tuve que frenar varias veces porque es de tocar donde no debe… Pero ese tipo es muy básico, me acuchillaría por la espalda sin ningún problema, no andaría montando escenitas.

¿Qué otros enemigos tengo? Ya lo dije soy antisocial ni fu ni fa con la gente.

El viernes de la semana siguiente invité a mi amiga Leonor a mi depto porque sospeché que algo pasaría y pasó. Al atardecer de ese viernes volvió a caer otra Barbie sobre el techo del primer piso, pero esta vez alertada le pedí a mi amiga que subiera a la terraza, yo me asomé y volví a ver la mano arrojando la rosa, mi amiga ya estaría arriba.

Cuando bajó me dijo que vio correr a alguien de negro por el techo y saltar al otro edificio, parecía una mujer, aunque la divisó de lejos, con la ropa suelta flameando al viento, no podía asegurar nada.

Si saltó por los techos tal vez no sea de este edificio, pensé. ¿Una mujer? ¿Qué mujer podría amenazarme? Siempre y cuando la destinataria fuera yo, Bárbara Tonetti.

La repetición del acto me despertaba más interrogantes, ¿era un ritual? ¿De algo por venir o de algo pasado?

Me preparé mejor para el siguiente viernes… invité a tres amigas, son todas las que tengo.

Esperamos el atardecer, dos de ellas, Mecha y Luli, ya estaban escondidas en la terraza. Observaron el despliegue de esta panqui y la filmaron. Yo, desde mi balcón vi su mano y cómo soltó la Barbie, sentí el ruido que retumbó sobre el techo, pero mi mirada seguía atenta a lo que pasaba arriba. En el momento que arrojó la rosa ya estaban mis dos amigas cerrándole el paso.

Subí por el ascensor a la terraza, me temblaban las piernas, temblaba toda. ¿Quién sería esta chica? ¿Su amenaza era hacia mí?

Mis amigas la sostenían de los brazos, pero la panqui daba terribles patadas, ya se estaba por liberar cuando me vio llegar… dijo algo incoherente que no entendimos, escupió, mordió se deshizo de mis amigas y escapó saltando por los techos.

Bajamos a mi depto a ver la filmación. El zoom mostraba una muchacha con la cara toda tatuada y llena de piercings, ropa negra que le cubría todo el cuerpo, cadenas, borcegos.

¿Qué tenía que ver conmigo? Mis amigas decían que tal vez era una lunática, una loquilla que hacía eso para llamar la atención y nada más. No me cerraba… Leonor que se había quedado en el depto fue a tocarle el timbre a la vecina del primero. Me contó que la vecina tenía expuestas las dos Barbies en una repisa y quepronto iban a ser tres…con un escobillón estaba rescatando la tercera víctima, no le preocupaba el sentido del ritual, solo estaba indignada por recibir esos regalitos todos los viernes.

– ¿Algún mensaje en los cuerpos? Pregunté. Ya me sentía parte de una serie de suspenso investigando a las víctimas. Víctimas muñecas, era patético.

– No –  respondió Leonor – no eran tatuajes sino más bien manchones, cruces, rasgaduras.

Leonor, la escorpiana del grupo seguía maquinando… alguna conexión debe haber, los locos tienen su propia lógica al actuar, aunque sea un delirio para nosotras… ¿Podría ser alguien de tu familia?

-Leo, vos sabés que soy adoptada, hay muchos datos que se han perdido.

-Más a favor, esta desconocida está relacionada con tu pasado.

Mecha y Luli la miraron fijo y también se quedaron pensativas.

Esa noche soñé que me encontraba en la terraza con la panqui y me decía algo como “animamá”, “animaná”. Al despertar lo anoté en mi cuaderno.

Animaná, me sonaba, lo busqué en Internet. Figura como un pueblo en Salta, en el Norte de Argentina. La llamé a Leonor y le propuse viajar a ese lugar. Leonor aceptó.

Desde que murió mi madre adoptiva me quedé sin familia y nunca quise averiguar sobre mi madre biológica. Sólo sabía que era del norte y que había muerto en el parto y con eso era demasiado para mí. No tenía interés de saber nada más. Carmen, mi madre adoptiva tampoco me estimuló para que investigara sobre mis orígenes. Pero cuando Leonor preguntó por mi familia algo me devolvió la curiosidad.

Viajamos en micro no sé cuántas horas, ya se me habían ido las ganas de saber, pero Leonor se mantenía firme, decidida.

Apenas bajamos del micro Leonor propone:

-Vamos a la Municipalidad, ahí debe haber información…

-¿Información de qué?

-De tu familia de origen.

Leonor siempre me sorprende… Lo de la muni no lo había ni pensado.

Yo estaba totalmente aturdida, recién arribada, deambulando en medio de un pueblito perdido en la montaña. Leonor entró decidida a un edificio colonial y yo detrás de ella. Se dirigió directamente a hablar con una señora que con una sonrisa dibujada intentaba seguir sus razonamientos incomprensibles. Desde su insistencia y probablemente por cansancio la señora le escribe algo en un papel.

-Vamos al Registro Civil – me ordena Leo

-¿No sería bueno desayunar antes?

-Tomaremos algo de camino…

Como el Registro estaba muy cerca no desayunamos. Leo entró con su paso firme, le mostró el papel a la empleada del lugar y ésta le entrega unos libros de registros donde ella buscaba fechas, nombres.

-Aquí hay una Bárbara cerca de la fecha de tu cumpleaños… ¿Me dijiste que tu nombre ya venía cuando te adoptaron?

-Sí, creo que sí…

-La persona que la anotó se llama Rosa Funes… ¿Te suena?

-No, no me suena.

Leo sigue buscando. Le pregunta algo a la empleada. Leo anota.

-Hay una familia Funes cerca de aquí, Vamos.

-¿Te parece? ¿Y si desayunamos primero?

-Tomaremos algo de paso.

Conseguimos un café con galletitas y seguimos camino en busca del lugar.

Leo llamó a la puerta… Una chica muy, pero muy parecida a mí, pero con el pelo largo nos saludó. Yo me quedé impactada, parecíamos mellizas… ¿Éramos mellizas? Leo contuvo su sorpresa y preguntó por Rosa Funes. La chica le responde.

-Sí, es mi abuela, esperen aquí que le digo que la están buscando…

Antes de darse la vuelta, la chica se quedó mirándome unos instantes y me preguntó

-¿Sos de la familia?

-No lo sé…

-Te parecés mucho…

-Sí, ya lo veo…

Entonces aparece una mujer mayor y al verme tambalea, la chica la sostiene del brazo.

-Sabía que esto me iba a pasar – dice la señora sofocada – Pasen, me tengo que sentar…

Pasamos a una cocinita y nos sentamos alrededor de una mesa.

-¿Toman mate? – preguntó la señora mientras chupaba de la bombilla.

-No gracias –contestó Leonor – venimos porque Bárbara tuvo un sueño…

-¡Ah! Te llegó el mensaje.

-¿Usted me envió un mensaje? – pregunté

-Hace tiempo que quería saber de vos.

-¿Quién soy yo para usted?

-Sos mi nieta perdida – dice la señora y se pone a llorar…

-¿Cómo perdida? – pregunté yo

-Cuando mi hija las tuvo a A y B, así las llamaba la enfermera, no las pudimos tener en  brazos, esa mujer se las llevó a otra sala para que las revisaran, mi hija estaba muy débil, le falló el corazón y a las pocas horas murió. Cuando la enfermera volvió sólo vino con A, dijo que B  también había muerto. Yo no le creí porque a B la vi muy gordita y saludable, pero por más que insistí en volverte a ver, no me dejaron. Había rumores del robo de bebés y yo siempre tuve la esperanza de que estuvieras viva en alguna parte. Por eso te anoté como Bárbara en el registro Civil.

-No me siento bien – dije. Se me nubló la vista, sentí un frio helado en todo el cuerpo, y el corazón me palpitaba con una intensidad descomunal – Creo que me voy a desmayar…

-Venimos viajando muchas horas desde Buenos Aires y no paramos en ningún hospedaje, tal vez sea mejor que nos vayamos y volvamos más tarde – aclaró Leo.

-Yo trabajo en la cocina de una hostería, las puedo llevar – dijo A, o sea Amanda.

Leo me atajó de caerme al piso y entre las dos chicas me fueron sosteniendo hasta la puerta, me di vuelta y vi a la abuela que seguía sentada con su mate en un mano y con la otra se secaba las lágrimas con un pañuelo. La hubiese abrazado, pero no me daban las fuerzas.

En la Hostería nos quedamos en una habitación solas las dos, Leo y yo.  Me hundí en una cama, no me podía mover, me dolía todo el cuerpo y Leo seguía con su teoría de que la loca de la terraza había recibido el mensaje y lo había transmitido de una manera poco clara pero que igual me había llegado…

-Pará un poco Leo con tus teorías soy más básica que vos, solo estudié para técnica en computación, no te puedo seguir… Ya bastantes preguntas tengo dándome vueltas…

-¿Qué preguntas?

-Si mi madre adoptiva sabía algo de todo esto… ¿Con quién me crie todos estos años?

¿Por qué nunca quise saber más? ¿Era algo mío o era inducido el que no preguntara? Se me parte la cabeza… ¿Qué vida hubiese tenido? ¿quién sería yo si esto no hubiese pasado?

-Lo importante es que llegamos acá y sabemos algo de lo que te pasó.

-Algo… y lo que me asusta es que habrá más…

-Descansá un rato, yo voy a dar una vuelta.

-No, no te vayas, quédate conmigo.

-Bueno.

Leo se quedó a mi lado, pero yo no podía dormir, todo me daba vueltas, estaba temblando. Entonces me dijo:

-Me parece que sé que es lo que te hace falta, ya vengo…

Al rato aparece con un par de samguches de jamón y dos birras.

-La gente de Tauro necesita materia para procesar lo sutil…

-¡Gracias Leo! – tenía razón, al ver “la materia” como dice ella me empecé a sentir mejor.

-Después de este gustito tenemos que volver a la casa de las Funes, no podemos dejar en banda a esa señora con todo lo que le pasó.

Volvimos a llamar a la puerta y esta vez nos abrió la abuela, mi abuela. Nos dijo que Amanda estaba trabajando en la hostería, que nos sentáramos con ella a tomar unos mates. Ahí en la cocinita yo le pregunté si teníamos más familia.

-Sí, mi hermana está en Cafayate con sus hijos y sus nietos, pero yo me quedé acá por si volvías…

Ahí me levanté y de un salto la abracé fuerte, fue la primera vez que sentí el verdadero calor de madre. Yo sé que me falta mucho por saber, que tengo mucho para procesar, pero como dice Leo por “algo” hay que empezar y si ese “algo” es encontrar una abuela que me hace sentir tan querida y esperada y una hermana melliza por conocer, tendré que agradecerle a la panqui su ritual y su locura.

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Autor: Ana Rubiolo

Mi nombre es Ana Rubiolo, soy fan de la Astrología y el TAROT. Escribo mis sueños y sus imágenes son una fuente de inspiración para mis cuentos. La ficción, los sueños y las experiencias vividas van rondando en mi escritura.

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