Cuento 3

Paulina y yo

Por Ana Rubiolo

Paulina, mi abuela, murió unas horas antes de que yo naciera pero su espíritu se quedó conmigo. Ella me acompaña desde siempre. Me envía mensajes de distintas maneras. Puede susurrarme un rezo al oído, puede acariciarme la mano mientras duermo, puede aparecer en mis sueños y ahí es cuando la veo, hermosa, erguida, casi transparente.

Mi cuartito de juegos es el lugar que ella habitaba y donde están todas sus cosas todavía. Era su escondite para que no la encontraran los milicos. Sé que se tuvo que esconder mucho tiempo. En su patio me gusta hamacarme por horas, puedo sentirla en el aire, huelo un perfume a flores cuando ella está acerca.

Rápido aprendí a escuchar su llamado, es parecido al canto de un pájaro, casi un lamento y yo corro a contestarle. Dirijo mi voz al cielo, un fuerte aullido ante la inmensidad de lo vertical.

Mi madre se preocupa por mi manera “desconectada” de ser. Primero me lleva al médico y por indicación de él a una psicóloga. Mabel se llama, es alta, muy alta y usa el pelo muy cortito. En las primeras sesiones me pide que dibuje. Mira mis dibujos con cara seria y entonces me pregunta a qué le tengo miedo.

Mis dibujos son parecidos a mis sueños, en ellos visito a los muertos acompañada por mi abuela.

Pero eso es un secreto. No puedo contárselo a nadie. Mis charlas con esos espíritus son sagradas. Mi abuela se enojaría conmigo si lo revelo. Algunos de los muertitos que visitamos son amigos suyos, unos chicos guerrilleros. Siempre es gente muerta desde muy joven, ellos me preguntan por sus seres queridos, por su familia. Yo voy, averiguo y después les cuento.

Justo la noche anterior a mi primera sesión soñé con un tiroteo en un descampado donde moría mucha gente. Entonces dibujé un colectivo y muchos muertos alrededor.

Después hice otro dibujo ya en primer plano de un francotirador entre las ramas de un árbol y una chica con un fusil en la mano que caí y le choreaba sangre del pecho.

La psicóloga dijo que quería hablar con mi mamá y después de verla comenzaron las preguntas y amenazas de mi madre. “Que de dónde sacaste eso” “te voy a quitar el celular” “Las luchas políticas son muy complicadas, no las puede entender una chica sensible como vos, eso te hace mal”, “por qué no tenés amigas, por qué no salís un poco”.

Creo que la que tiene miedo es ella. Yo sólo siento dolor por esos muertos y por mi abuela que a veces llora y me hace llorar.

Mi mamá cree que veo documentales por internet porque no sabe que yo puedo viajar al pasado en sueños de la mano de mi abuela.

Sigo yendo a la psicóloga porque me gusta verla y hacer dibujos en su consultorio. Pero le pedí a Mabel que no le cuente a mi mamá nada de lo que hablamos, ya bastante problema tiene la pobre con ir a trabajar y hacer que lleguemos con las cuentas a fin de mes.

Mabel me dice que no tengo que preocuparme por mi mamá pero yo me preocupo. No quiero que sufra. Ya sufrió bastante cuando murió la abuela y se quedó sola conmigo. Las madres solteras tienen que hacer malabares. Trabajar, cuidar los gastos, cocinar, limpiar… yo tuve suerte porque mi abuela se quedó en espíritu.

El otro día llamó la tía Juli para preguntar cómo estábamos. La tía Juli era muy amiga de mi abuela, creo que eran pareja por cómo se querían. Me dieron ganas de hablar con ella. Le dije a mi mamá que fuéramos a verla. Si bien le sorprendió mi propuesta me parece que le gustó que yo estuviera más sociable. Sigue pensando que soy “autista”, a mí no me lo dice pero yo la escucho cuando habla con sus amigas.

Esa misma noche mi abuela me contó en sueños que Julia fue uno de sus grandes amores, tal cual yo lo presentía. Militaban juntas y se protegían mutuamente. Pasaron por muchos peligros, pero sobrevivieron a la dictadura militar.

Yo tengo distintos tipos de sueños, los que hablo con los muertos y me piden que averigüe cosas y los viajes al pasado donde veo escenas de los sucesos que ocurrieron. Como dice mi abuela Paulina, es para que siga viva la memoria que quieren borrar los inmundos capitalistas.

El encuentro con la tía Juli fue esclarecedor. Nos mostró las fotos que había sacado con Paulina, los libros que leían, la música que escuchaban. Todo fue porque yo se lo pedí. Mamá estaba seria, algo tristona, creo que no le gusta recordar. Justo lo que yo tengo que hacer, guardar en mi memoria, escribirlo, porque lo van a necesitar los que vendrán para no perderse. Somos eslabones en una cadena que viene de muchos siglos y con muchas historias contadas, si un eslabón se pierde, nos perdemos todos. Por eso yo pregunto y escribo.

Lo que escribo es para que lo lean las chamanas que vendrán después de mí. Esto lo dejo guardado aquí hasta que ellas lo encuentren. Como los mensajes que se dejaban dibujados en las cuevas, los jeroglíficos en las piedras de las pirámides y también los diseños en los tejidos de los telares que hacían las antiguas. Yo dejo estos mensajes en la nube. Yo sé que ellas sabrán cómo encontrarlos.

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Autor: Ana Rubiolo

Mi nombre es Ana Rubiolo, soy fan de la Astrología y el TAROT. Escribo mis sueños y sus imágenes son una fuente de inspiración para mis cuentos. La ficción, los sueños y las experiencias vividas van rondando en mi escritura.

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